Octubre 11

Góticas y barrocos

Author: Luis Ferrer i Balsebre Category: General

El sorprendente revuelo desatado por la foto de las hijas de Zapatero posando con los Obama tiene mucho más calado que una simple cuestión de estética.
Si de algo adolece el adolescente es de identidad; la adolescencia es una crisis de identidad en la que se juega un elemento clave para la futura narrativa de toda nuestra vida.
El primer paso para construir una identidad pasa por dejar de ser lo que uno ha sido hasta entonces, lo que significa confrontarse al deseo de los padres y reivindicar un deseo propio aunque aún  no se tenga.
El segundo paso consiste en integrarse o construir un grupo capaz de definir cómo se tiene que ser y en qué forma; cómo divertirse y con quién, qué ídolos, qé código etc… Este momento es arriesgado para el adolescente pues si es acogido en algún grupo indeseable, será capaz de todo con tal de no ser rechazado —ahí se juega su posición jerárquica en la tribu—.
El tercer paso es la consecuencia de lo anterior, es decir, de saber qué posición ocupa uno y cuáles son sus limitaciones —ésas que no son las que nos decían ni las que uno esperaba—. No ser líder, no tener éxito con el otro sexo, no ganar una pelea, no ser tenido en cuenta para según que cosas o haber sido humillado, pueden ser cromos imborrables de nuestra “vida y color” que condicionen el comportamiento adulto.
De esa batalla salimos con menos plumón y más alas timoneras, a partir de ahí comienza el vuelo y —más o menos pronto— llegan los primeros perdigonazos de pasión, pérdida, culpa o fracaso que la armería de la vida nos tiene guardada en la recámara.
Es lógico pensar que cuanto más grandes, poderosos, heroicos o admirables sean los padres, más difícil resulta la confrontación con su deseo. Aunque se lo pongan muy fácil el deber del adolescente es renunciar y decir que todo eso no le interesa.
Las razones que el adolescente presentará como credenciales de su nueva identidad serán tanto más contundentes cuanto más rotundas sean las de sus padres.
Teniendo esto en cuenta se comprende mucho mejor que la elección de una estética gótica —movimiento urbano de ideología radicalmente apolítica— por parte de las hijas del presidente, sea un planteamiento más que razonable a la hora de buscar una identidad distinta a la de los padres. Si se hubieran decantado por el estilo cool de mamá o casual fashion de papá, es evidente que lo tendrían mucho más difícil a la hora de hacer valer su independencia e identidad.
Ser góticas es probablemente una de las pocas salidas posibles a la condena de ser “las hijas del presidente”.
Los que tanto las han criticado lo han hecho por la impertinencia de presentarse así siendo las hijas de Zapatero, o lo que es lo mismo, de la falta de sometimiento a los padres y el protocolo.
Estéticamente pueden resultar horribles, pero psicológicamente no lo son tanto; cuanto menos han demostrado una gran valentía en la defensa de su momento e identidad.
Los que las han defendido con una verborrea cargada de supuestos radicales o provocadores, aquellos que han hecho loas ñoñas de sus padres por la supuesta educación progre y libertaria otorgada, así como la facundia de todos los que han aprovechado el detalle para cargar contra Zapatero son unos barrocos que no ven más allá de su propia identidad y la oportunidad política.
Ni góticas ni barrocos, sólo sentido común y un poco de psicología humana.
Luis Ferrer es jefe del Servicio de Psiquiatría del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS)

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