Lunáticos
Author: Luis Ferrer i Balsebre Category: GeneralMuchas palabras se estropean con el uso y otras por no usar, como las casas, la ropa, los electrodomésticos y tantas otras cosas. Lunático es una hermosa palabra que se ha ido estropeando con el uso, ahora ha dejado de ser una palabra poética y usual para ser sustituida por el término pedante de ciclotímico. Algo debió tener que ver en esto el hecho de haber pisado la Luna, —destrozando así todo su enigma y convirtiéndola en un objeto de estudio científico cuya influencia ha dejado de fomentar lunáticos para pasar a engendrar ciclotímicos—.
El término clínico de ciclotímia hace referencia a la gente que sufre oscilaciones cíclicas del humor. El de lunático también se refiere a las gentes que sufren oscilaciones pero, en este caso, ligadas sobre todo a los ciclos lunares. Me gusta más el vocablo lunático porque es más cósmico y tiene menos connotaciones patológicas que su primo repelente, el ciclotímico.
Todo el mundo padece vaivenes anímicos, el humor invariable, rígido y exacto tiene algo de inhumano. Es una soberbia estúpida pensar que a los seres humanos no nos influyen los ritmos biológicos, no hay más que mirar el cambio que se produce en todo bicho viviente llegado el otoño o la primavera para reconocerlo; vivir ajeno a lo natural es muy de urbanitas engreídos, de aquellos a quienes nada les afecta ni perturba más allá de las finanzas o los amoríos. La Luna ha perdido terreno frente a planetas como Marte o Saturno, como pierde terreno la poesía o los ritos.
La Luna pertenece más al mundo femenino. Las hormonas femeninas se acompasan con los ciclos lunares y los de las mareas, cosa que no le ocurre al varón —La dona e móvile cual piuma al vento—. Quizás sea por esta cualidad que la mujer es más compleja e impredecible que el hombre. Pero en general —y perdonen la generalización— las mujeres siendo más luceras, son menos lunáticas. Los lunáticos de verdad, no sólo se caracterizan por sus cambios de humor, en el lunático hay además, una secreta adoración por la sombra, por la noche. Los griegos no practicaban el culto a la Luna, por eso eran tan canónicos y exactos. Como lo suele ser la gente que jamás trasnocha ni rompe los ritmos vitales.
El lunático de verdad sufre la llamada de la noche cuando se enciende la Luna.
El lunático siente las tensiones cósmicas y se arroja al reino de las sombras buscando liberarlas. La noche es el reino de lo irreal, de lo borroso, un lugar dónde es más fácil enajenarse y ser distinto. La noche es emparejadora, asesina, pendenciera, confidente, euforizante…
Muchos grandes artistas han sido lunáticos creadores nocturnos —el descenso al reino de las sombras proporciona hallazgos y vivencias nuevas—. Goethe, Rimbaud, Bach, Sabina.. son algunos ejemplos de quienes han construido su obra de noche.
La Luna estimula la imaginación de los poetas y los amantes, pero el que se entrega sin reservas al reino de la Luna, deja de oscilar, y corre el peligro de alejarse definitivamente de la luz y el equilibrio.
En este saber ajustarse a los ritmos biológicos y cósmicos consiste la sabiduría.
Todos oscilamos, todos somos un poco lunáticos y ciclotímicos.
La autoexigencia de una exactitud es la monotonía, el tedio, la muerte. La complacencia en los cambios rápidos, continuos, estimulantes, son el desgaste, la fatiga y la disolución.
Se lo dice un lunático.
Luis Ferrer es jefe del Servicio de Psiquiatría del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS)