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Una infancia en el internado
25 Octubre 2009

Por Emilia Priegue Iglesias

Nací en la calle Santo Tomás y mi familia la formaban mis padres, Benito y Emilia, así como mi hermana Mari Carmen y yo. Mi padre era agente comercial y mi madre se dedicó a las labores del hogar hasta que mi padre desapareció y se puso a trabajar como planchadora.
Mi primer y único colegio fue el Hogar Infantil Virgen del Carmen, donde estuve allí hasta los dieciocho años y conocí a todas mis amigas de la infancia y la juventud, como Sarita Petrobello, Susana Pose, así como Maribel y Lola Martínez de la Iglesia.
En aquella época estábamos internas y sólo podíamos salir los fines de semana acompañadas siempre por las monjas. Como la vida en los internados de aquellos años era muy triste, en nuestros juegos intentábamos olvidarnos de esa situación con nuestras correrías y nuestra imaginación, gracias a lo que podíamos soportar las largas separaciones familiares.

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Una vez al mes nos alegrábamos mucho cuando nuestras familias venían a visitarnos. En mi caso se trataba sólo de mi madre a causa de la desaparición de mi padre, acerca de la cual siempre me dijeron que había salido de viaje y sólo hace poco me enteré de que había fallecido hace dieciocho años sin que nunca más se preocupara por su familia.
Cuando cumplí los dieciocho años empecé a vivir de nuevo, ya que a esa edad a todas las internas nos mandaban de vuelta a nuestras casas, por lo que las que éramos de la ciudad empezamos a salir juntas.
Solíamos asistir a las funciones de las seis de la tarde de cines como el Coruña, Avenida, Colón, Savoy y París, de las que nada más salir teníamos que ir corriendo para casa, ya que la hora máxima de regreso eran las ocho y media o las nueve y si llegábamos más tarde nos castigaban sin salir la semana siguiente.
En ese tiempo no estaba bien visto que las jovencitas anduvieran por la calle a esas horas, pero muchas veces había tanta gente en las paradas de los tranvías para subir a los pocos que pasaban, que muchas veces teníamos que ir andando y, como la película muchas veces terminaba tarde porque se iba la corriente y no dejaban salir al público, había que volver corriendo a casa.
También nos gustaba mucho bajar los domingos a la calle Real para ver a los amigos y pasar un buen rato, mientras que los veranos íbamos siempre a la playa de Santa Cristina, para lo que teníamos que madrugar para poder subir a la lancha que salía de la Dársena, ya que siempre había mucha gente. Si nos tocaba sentarnos en la parte delantera y había oleaje, nos poníamos pingando de agua, y si llevábamos la comida, había que ponerla después al sol para secarla.

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Después de casarme con Sebastián y cuando mis dos hijos, Paco y Beatriz, pudieron valerse por sí mismos me decidí a estudiar la carrera de Bellas Artes en Pontevedra, ya que me gustaba mucho pintar, para lo que aproveché que en esa época mi marido trabajaba como capitán marítimo en O Grove.
Durante ese tiempo siempre mantuve una estrecha relación con mis amigas del colegio, aunque hoy en día sólo me quedan Susana y Marisol, puesto que el resto ya han fallecido. Como sigo siendo inquieta y con ganas de aprender todo lo que mi infancia me negó, estudié Fotografía y Técnicas de Volumen en la Escuela de Artes y Oficios de la plaza de Pontevedra, estudios que concluí en el nuevo centro llamado Pablo Picasso, que entonces acababa de inaugurarse.
En la actualidad, para sentirme realizada me dedico a pintar, así como a pasear con mi marido y mi nieto Nicolás.

  • Introducido en : General
  • Autor :laciudadquevivi

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