Los juegos con los postes de los tendidos
22 Noviembre 2009
Nací en la calle Vales Villamarín, en el barrio de Os Castros, en una familia muy humilde de la que me siento muy orgulloso y que formaban también mis padres, Marcial y Nelita, y mi hermano Marcial. Mi padre fue zapatero hasta que pudo ingresar en 1954 como funcionario en el Ayuntamiento.
Mi familia se trasladó al barrio de San Luis cuando yo tenía tres años, por lo que el cambio no fue traumático para mí, ya que todavía era muy pequeño, de forma que hice mis primeros amigos entre las calles San Luis, Borrallón, Baldaio y Ángel Senra, como Boquete, Gasi el pintor, Necho, Loli, Gelo, los hermanos Raúl y Juan, Lois, Chili, Luciano y otros muchos con quienes pasé mis mejores momentos de ocio.
Mi primer colegio fue el Concepción Arenal, donde coincidimos muchos de estos amigos, por lo que también lo pasaba muy bien allí. Estudié en ese centro hasta que cumplí los catorce años, momento en el que inicié el Bachiller en el turno nocturno del Instituto Masculino.
Los chavales solíamos jugar en el campo de Senra, donde había una zona de monte pelado en la que jugábamos a la pelota cuando teníamos una, aunque muchas veces la hacíamos nosotros mismos. También íbamos a jugar mucho a los columpios al foso donde la Telefónica tenía los postes para los tendidos que dejaba a la espera de ser alquitranados y que en aquel tiempo nos parecían gigantescos.
Recuerdo que cuando hacíamos un columpio cabíamos media docena de chavales en cada lado y que durante años fue uno de los principales lugares de reunión de los niños de todos los alrededores, quienes muchas veces nos peleábamos para conseguir sitio y tiempo para jugar allí.
Fue una época feliz en la que no teníamos apenas nada, pero disfrutábamos de libertad para jugar en cualquier parte, ya que casi no había coches y no teníamos miedo de que pasara nada, mientras que nuestros padres nos dejaban ir a jugar con nuestros amigos con toda la tranquilidad.
A partir de los catorce años empecé a reunirme con mis amigos en el bar Play Boy, junto a la estación del ferrocarril de San Cristóbal, donde fundamos una peña de fútbol con el nombre del local que fue una de las primeras que existió en la zona. Durante casi una década, pasamos nuestros ratos de ocio en ese bar, jugando partidas de todo tipo y hablando de fútbol.
Cuando abandonábamos este punto de reunión, lo hacíamos para acudir a todas las fiestas que se organizaban en la ciudad, ya que se ligaba mucho. Como la mayoría de los cines no eran de nuestro agrado, sólo asistíamos a las funciones del Monelos y el España, ya que preferíamos ir a bailar al Sally o a El Seijal, de donde en infinidad de ocasiones tuvimos que volver andando porque nos quedábamos sin dinero al haber invitado a consumiciones a las chicas.
A los diecisiete años se me acabó la buena vida, ya que tuve que ponerme a trabajar en una tienda de electrodomésticos al mismo tiempo que estudiaba, de forma que no me quedaba más tiempo para divertirme que los domingos, por los que esperaba como si fuera a ocurrir un milagro.

Al cumplir la edad para hacer la mili me tocó ir destinado a Gerona y al terminarla regresé a la empresa en la que había trabajado y conocí a quien hoy es mi mujer, Remedios, en el baile de la sala Rey Brigo. Mantuvimos un noviazgo de cinco años y nos casamos en As Angustias, en Betanzos, ya que mi mujer nació en esa localidad, y tuvimos dos hijas, Ana y Lara.Tras dejar mi empleo en la tienda de electrodomésticos, ingresé como funcionario en el Ayuntamiento, en el que desarrollé el resto de mi vida laboral. En la actualidad mis aficiones son reunirme con mis amigos y jugar partidos de veteranos en La Torre, así como salir a bailar con mi mujer y otras parejas, como Merchi y Zalo y Luis y Lola.
La ciudad actual se ha hecho mucho más moderna pero perdió la amistad y la familiaridad que había en todos los barrios, donde todos nos conocíamos y teníamos respeto unos por otros, mientras que ahora las relaciones son mucho más frías.
- Introducido en : General
- Autor :laciudadquevivi

