Años de juegos en A Coiramia
10 Enero 2010
Por Antonio Baña Maneiro
Nací en la calle de la Paz, en el barrio de A Coiramia, en una familia de la que también formaban parte mis padres, Manuel y Esther, y mis hermanos, José Manuel y María Esther. Mi mejor amigo de la infancia posiblemente fuese mi hermano mayor José Manuel, ya que compartí con él muchas horas y vivencias y siempre íbamos juntos a todas partes, ya fuese al colegio, al catecismo, la playa o el cine. Años más tarde llegó inesperadamente nuestra hermana pequeña, de quien llegué a estar muy celoso, ya que vino a ocupar mi puesto de benjamín de la casa.

Mi primer colegio fue el de doña Asunción, en un piso de la calle Vizcaya, ya que durante mi infancia pasábamos la mayor parte del tiempo en nuestro barrio. Ir al centro de la ciudad era un privilegio del que podíamos disfrutar en contadas ocasiones, en las que íbamos con nuestros padres y siempre cuando mi padre venía del mar, días en los que mi madre nos vestía con la ropa de los domingos.
En la calle jugábamos casi siempre al fútbol, ya que apenas pasaban coches, aunque cuando éramos muchos los partidos los disputábamos en la explanada de Santa Margarita. Otros juegos que practicábamos eran los típicos de la época, como la peonza, el che o las chapas, aunque lo más me gustaba eran los carritos de madera a los que poníamos ruedas de acero que nos regalaban en el taller del señor Eulalio, sito en la misma calle de la paz, con los que bajábamos a gran velocidad por la calle Vizcaya.
Mis amigos de la infancia eran entre otros Adolfo, de la Panadería Porfirio; Santi Vizoso, Luis Seoane, conocido como Pikilo; Pedro, Toñín, David Parada, los hermanos Tito y Pedro, Toñín Rebolledo, Ramón Baladrón, Uchi, Ramiro, Chucho Sotelo, Urbanito y Tato, quien se fue a vivir a Estados Unidos.
En verano nos íbamos a bañar a la playa del Lazareto, donde teníamos que esperar hasta el mediodía para poder pasar, ya que hasta esa hora estaban las niñas de las colonias del Sanatorio de Oza y no dejaban pasar hasta que la desalojaban. Recuerdo que íbamos a robar patatas y mazorcas de maíz a las leiras que había donde hoy está la fábrica de cervezas de Estrella Galicia, para después asarlas en hogueras que hacíamos en la calle Antonio Viñes, que entonces era un barranco y estaba sin asfaltar.
Otro de los sitios donde jugábamos mucho era la antigua Fábrica de Cerillas, ya que conocíamos al guardián porque comía en muchas ocasiones en el bodegón de Cristina y Ángel. Un día encontramos dentro de los terrenos de la factoría varias cajas de maquinillas de afeitar escondidas entre los matorrales y nuestra primera reacción fue quedarnos con ellas, pero nuestros padres nos obligaron a entregárselas a la policía al día siguiente, el que más miedo pasé en mi vida, ya que nos interrogaron durante toda la mañana y nos dieron un vale para recogerlas en caso de que no fueran reclamadas, aunque estábamos tan atemorizados que lo primero que hicimos al salir fue romper aquel papel.
Tanto en mi infancia como en mi juventud, la zona en la que vivíamos nuestras aventuras era el monte de la zona de San Pedro de Mezonzo, que tuvimos que abandonar cuando se empezó a construir la nueva iglesia, cuya construcción se demoró durante muchos años. Esas obras nos hicieron trasladarnos al llamado Campo de la Peña, donde empezaba a levantarse lo que después sería el barrio de Os Mallos.
Cuando cumplí los siete años mis padres me llevaron a estudiar a la Academia Galicia, donde acabé el primer curso del Bachillerato. De esa época recuerdo con nostalgia las buenas partidas de frontón que hacíamos en las paredes de la antigua plaza de toros y el miedo que teníamos a atravesar de noche el monte de Santa Margarita al regreso del colegio.
Posteriormente estudié en el Santa María del Mar, del que también guardo un buen recuerdo de unos cuantos profesores como Alberto Freire y Ramón Núñez. Allí participé en los campeonatos escolares que se hacían entre los colegios, en los que competí en los equipos de fútbol y de atletismo. Más tarde completé mis estudios de Bachillerato y Formación Profesional en el colegio Karbo.
Durante mi infancia y juventud jugué al fútbol en el Unión Sportiva, en cuyo equipo de infantiles competí en el Trofeo Finisterre y conocí a Jorge Matos, que fue cedido por el Ural para jugar aquel torneo. Desde entonces guardo una gran amistad con él, ya que años después se casó con una amiga nuestra, María Fresco, de cuya hija Marta soy padrino.
Con el tiempo fiché por el Maravillas ya como aficionado y tuve como entrenadores al ex jugador del Deportivo Goñi, a Menallas y a Porto. Lo que más me dolió en esa época fue no poder disputar la Copa de La Coruña, que fue ganada por mi equipo, ya que estaba haciendo la mili.

Cuando empezamos a ir a bailes y guateques solíamos acudir a El Seijal, Nikars, Paula y el Circo de Artesanos, así como a las principales fiestas de la ciudad, como las de la calle San Luis y Os Mallos, que llegaron a durar hasta nueve días. En aquella época las chicas de nuestra pandilla eran Pili Millán, Margarita Ponte y Lolecha Ponte, además de María Fresco.
También tengo un gran recuerdo de las fiestas de carnaval que se celebraban en A Coiramia, donde había una gran peña de amantes de los disfraces. En esos años el entierro de la sardina venía por la ronda de Nelle y pasaba por la calle Vizcaya para terminar en el puerto y mi pandilla siempre acompañaba disfrazada al cortejo fúnebre hasta los muelles.
Desde 1984 hasta 2008 mi pandilla disputó todos los años un partido de fútbol para festejar el martes de carnaval
En aquel tiempo los adultos tenían que tener cuidado si se tapaban la cara al disfrazarse, ya que había mucha policía secreta vigilando que pedía la documentación a la gente. Mis amigos y yo seguimos disfrazándonos todos los años y en 1984 decidimos celebrar el martes de carnaval con un partido de fútbol que disputamos hasta 2008, ya que ahora somos mayores, por lo que desde entonces festejamos ese día con una comilona en Casa Cuba.
En la actualidad practico la natación y la bicicleta estática. Desde hace 22 años, el último viernes de octubre un grupo de amigos del que forman parte Jorge Matos, José Ramón Patiño, José Manuel Souto y Quique Pena nos reunimos en una cena para recordar a nuestro amigo Urbanito, quien falleció electrocutado arreglando una avería de Fenosa, empresa en la que trabajaba.
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- Autor :laciudadquevivi