Cuando Peruleiro eran sólo cuatro casas
21 Marzo 2010
Nací en la calle Vereda del Polvorín, donde mi familia vivió sólo un año, ya que el piso en el que residíamos era tan pequeño que mis padres, Abelardo y Neli, le llamaban la grillera puesto que era una buhardilla de unos treinta metros cuadrados con un ventanuco.
Mi padre trabajó muchos años en la Ferretería Hervada y después como agente comercial de souvenirs, los primeros que se vendieron en Galicia, por lo que me decía que esta actividad era toda una aventura porque casi no había visitantes, hasta el punto de que los comerciantes le preguntaban qué era un turista.
El lugar en el que pasamos a vivir de forma definitiva fue la calle Peruleiro, si entonces se le podía llamar calle, ya que en la zona sólo había cuatro casas junto al Observatorio y un grupo de chalés, mientras que en resto eran leiras y prados con vacas que hoy hay que encontrar con lupa.
Mi primer colegio fue el de los Dominicos, donde sólo estuve un año, en el que tuve una experiencia traumática, hasta el punto de que a mis cinco años le cogí tanta fobia al colegio que a mis padres les costó trabajo que levantara cabeza y me adaptara al centro al que me trasladaron, los Escolapios, que en aquella época se encontraba en un bajo. Tengo un grato recuerdo de mi paso por los Escolapios, ya que incluso llegué a vivir la etapa en la que se organizaron allí los primeros guateques.
Mis amigos de aquellos años eran de la calle, salvo algunos del colegio que no vivían en mi barrio. Los más íntimos, con quienes sigo manteniendo contacto periódico, eran Juan Jesús, Ángel, Francisco Peña, Genaro Graña, Menduiña, Begoña, Mari Mar y Neni. Con todos ellos practiqué los juegos habituales de la época, como las bolas, el che, la mariola y a saltar con las chavales, lo que hacíamos sin ningún complejo.
Como Peruleiro aún era una zona rural, los fines de semana nos íbamos a cazar ranas y lagartijas para mantenerlas vivas y luego vacilar con ellas tanto en el colegio como en la calle, ya que cuanto mayor fuera el bicho más puntos ganábamos entre los niños del barrio.
Como en mi pandilla no nos daban paga en casa los domingos para ir al cine, en mi infancia sólo pude ver unas pocas películas, casi todas en el colegio, donde las que proyectaban eran religiosas y siempre las mismas. El único recuerdo que tengo de un cine del centro fue cuando mi tía Sara me llevó a ver una película de Tom y Jerry.
En mi barrio estaba de moda hacer tirachinas y para conseguir las gomas y las badanas de cuero teníamos que recorrer los solares abandonados para encontrar zapatos viejos. En alguna ocasión tuvimos la suerte de hallar botellas usadas en buen estado que nos compraron, entre las cuales las de coñá, anís y champán se pagaban a un real, que era todo un lujo para un chaval, puesto que con ese dinero se podía ir al cine y comprar además chucherías.
A los dieciséis años pasé a los Salesianos para hacer el COU, época en la que las diversiones de mi pandilla eran distintas, puesto que entonces ya teníamos paga y podíamos ir al cine, la bolera o los futbolines, así como a las calles de los vinos, donde nos pasábamos buenas tardes tomando tapas y jugando a las cartas y l dominó, sobre todo en el conocido como el Bisté y en el Siete Puertas, donde para entrar tenía que esperar a que marchara mi padre, que siempre jugaba allí la partida de dominó.
En verano solíamos acudir a las playas de Riazor, Orzán y Bastiagueiro, aunque para esta última había que hacer mucha cola en el único autobús que había o coger la lancha de Santa Cristina.

Al finalizar mis estudios en la ciudad hice la carrera de Veterinaria en León, y al concluirla empecé a trabajar en Pontedeume y después en Cabanas y Narón. Más tarde fui director de una clínica de pequeños animales, tras lo que pasé a una multinacional de genética porcina, un consulting privado y una granja porcina del grupo Coren, en la que fui director técnico.
En la actualidad, mis aficiones son reunirme con mis amigos de la infancia y con los que hice a través de los años, en especial en mi etapa de viajero en autocaravanas, modalidad de la que soy un amante, hasta el punto de que llevo ocho años como presidente del Camping Caravaning Club de Galicia.
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- Autor :laciudadquevivi

Cuantos cambios hay en la vida. La pelicula que te llevo a ver tu tia Sara de “Tom y Jerry ” la recordaras con gran cariño. Unsaludo