jump to navigation

Los “tarzanes” de Santa Margarita
14 Noviembre 2010

 

Con sus compañeros de promoción de la Escuela Acelerada

Nací en la localidad de Couzadoiro, en el municipio de Ortigueira, pero la verdad es que casi toda mi vida la desarrollé en esta ciudad, en la que llevo residiendo más de medio siglo. Mi familia la formaban mis padres, Lisardo y Josefa, así como mi hermano pequeño José. Mis padres trabajaban como labradores y nosotros comenzamos a ayudarles desde pequeños en las tareas del campo, ya que mi padre había perdido las dos manos en la guerra y se las arreglaba para trabajar sin ellas.
Como todos los chavales de mi aldea, las pasamos canutas en aquella época de penuria, ya que se comía lo poco que daba la tierra y después de trabajar de sol a sol. Cuando yo tenía once años, mis padres vieron que en la aldea no había porvenir y decidieron enviarme a esta ciudad a la casa de mi tía Rosario, que tenía dos hijos, José y Sergio, con quienes me llevé muy bien desde el momento en que llegué, a comienzos de los años cincuenta.
Mi tía vivía en Ángel Senra, una zona en la que entonces sólo había cuatro casas y muchas leiras. Mi primer colegio fue el Eusebio da Guarda, donde estudié hasta que pude entrar en la Escuela de Formación Profesional Acelerada de Someso. Mis primeros amigos de juventud en la ciudad fueron Moncho, Quico, Antonio, César, Lolo, Santiago, Jacinto y Pepe, con quienes lo pasé muy bien en esta etapa de mi vida y con quienes mantengo aún una gran amistad.
Tras pasar por el colegio Eusebio da Guarda, estudié Electricidad en la Escuela de Formación Acelerada
En aquellos años, lo que hacíamos para divertirnos era pasar muchas tardes en el monte de Santa Margarita jugando a Tarzán con una cuerda que atábamos a los árboles. Como allí había otras muchas pandillas de chavales y chavalas, nos juntábamos para jugar a quedas, que consistía en que uno de nosotros corría detrás de los demás antes de que llegaran a un lugar a salvo hasta que conseguía tocar a uno, al que después le tocaba intentar lo mismo.
En verano nos íbamos a las playas del Lazareto y Las Cañas, para lo que nos enganchábamos en los vagones de los trenes de mercancías que iban hasta allí para hacer el cambio de vías. Nos subíamos a ellos en el antiguo puente sobre las vías de A Gaiteira, donde había un cambio de agujas que obligaba al tren a pararse. Recuerdo que en muchas ocasiones no había sitio para engancharse debido a la cantidad de chavales que utilizábamos ese método para llegar a las playas y que además había que espabilarse, ya que el arenal del Lazareto lo abrían a la una de la tarde y nosotros teníamos que estar de vuelta a las cuatro como máximo.
Para ir a Riazor también nos enganchábamos en el tranvía número 3, que cogíamos en Peruleiro y con el que bajábamos hasta la Casa de Baños. Algunas veces subíamos tantos chavales que en la pendiente de Riazor conseguíamos pararlo con los pies para bajarnos.

En una excursión
Ya de estudiante en la Acelerada, lo que más nos gustaba a la pandilla era acudir a los bailes, sobre todo el de los jueves en  La Granja, conocido como el de las chachas o las marmotas, ya que estaba lleno tanto de ellas como de los soldados del cuartel de Infantería, por lo que quienes íbamos de paisano ligábamos más. Otros bailes que nos gustaban mucho eran los del Finisterre, Sally y El Seijal, al que íbamos muchas veces andando para tener dinero para la entrada y la consumición. La vuelta la hacíamos también a pie con infinidad de pandillas que acudían a aquella sala, mientras hablábamos de los ligues que habíamos conseguido.
Otra cosa que nos gustaba mucho era ir a los cines de la ciudad, como el Monelos, Gaiteira, España, Finisterre y Alfonso Molina. En ese último vi por primera vez cantar a Antonio Molina y a Manolo Escobar, así como los programas Salto a la fama y Desfile de Estrellas, de Radio Coruña.
Nos gustaba mucho ir al baile de los jueves en La Granja porque acudían muchas chachas y era fácil ligar
La buena vida se me acabó al terminar los estudios de técnico electricista, ya que no me quedó más remedio que buscar trabajo, en lo que tuve la suerte de que me lo dieran en la empresa Isolux Galicia, situada en la zona de A Moura, que entonces estaba llena de montes y leiras, por lo que tenía que ir andando hasta allí.
Trabajé allí durante cinco años que me fueron muy útiles para aprender el oficio y entrar después en otra empresa en la que estuve doce años, tras lo que después desarrollé el resto de mi vida laboral en Genosa e Istega.
Me casé con una vecina de mi infancia llamada María Josefa, con quien ahora acudo a comidas que realizamos con los amigos de aquellos años para recordar los viejos tiempos, así como a las actividades de la peña O Condado.

  • Introducido en : General
  • Autor :laciudadquevivi

Deja tu comentario...