Escrito por Sonia Seijas on Martes, 2 of Marzo , 2010 at 21:34
La verdad es que a raíz de muchas cosas que me han pasado últimamente, llevo ya largo tiempo pensando en esta palabra como concepto, como idea de lo que debe ser una relación estrecha entre dos personas y, sinceramente, creo que solo he sido capaz de llegar a una conclusión. La palabra amistad no respresenta absolutamente nada. Me explico. No quiero decir que no exista la amistad, sino que el conjunto de palabras que me harían falta para definir cada uno de los amigos que tengo no puede resumirse en un simple “amistad” que se me antoja tan etéreo como cuando la gente se refiere a algo como “mono” o “chulo“. Para mí, cada una de las relaciones que tengo es tan distinta, tan única, que no me gustaría que se circunscribiera a una palabra que la gente tiende a usar tan alegremente. Es curioso oír cuando la gente habla de “amigos de clase”, “amigos del trabajo”… no sé, para mí eso son compañeros, con lo que sí es cierto que puedes tener más o menos complicidad, más o menos confianza, pero que no pasa de ahí.
Cuando era una niña, al margen de mis primos, sólo tuve una amiga, una sola, el resto eran compañeras del colegio y demás, que tampoco eran muchas, la verdad. Creo que fui una niña un poco atipica en mi trato con las demás, sobre todo teniendo en cuenta que era un colegio femenino, no me encontraba a gusto con la mayoría de mis compañeras de estudios, porque me parecían como de otro planeta, nada comparado con lo que era mi realidad de todos los días. Mi vida estaba en la calle, en el campo de atrás de casa de mi tía y en mi amiga María. La única que tuve hasta cumplir los 13 años. Ella entendía todas mis cosas, compartía mis juegos, todos los días nos levantabamos y nos acostábamos juntas, porque su ventana de la habitación apenas distaba 3 metros de la mía. Realmente tienen razón cuando dicen que nunca vuelves a vivir una amistad como cuando eres un niño, para mí todo era de las dos y no entendía cómo podía existir el mundo sin ella. Pero a los 13 años cambiamos de barrio y dejamos de vernos. Pues bien, hace una semana, después de 20 años en los que apenas nos cruzamos un par de veces, me encontré con ella, tan sonriente como siempre y os juro que para mí fue como si no hubiese pasado el tiempo, como si todavía solo hubiesen esos dos metros de patio entre nosotras nada más.
Luego conocí a Mónica, siempre he dicho que si fuese tío, ningún hombre excepto yo la habría conquistado, una de las mujeres más increíbles que he conocido y mi gran amiga de la adolescencia. Con ella lo pasé todo, cosas muy malas, muy malas y otras increíblemente buenas. Salvó mi vida, en el sentido literal de la palabra. Siempre me dijo todo con las palabras necesarias, me doliese o no y creo que, como amiga, nunca podría haber soñado nadie mejor. Es la que me entiende sin palabras, sólo con mirarme, la que lloró y rió conmigo y la que pasó a mi lado toda esa época tormentosa que se vive cuando ni eres un niño, ni un adulto. Siempre he dicho que si un amigo sigue contigo después de eso, es que te quiere de verdad. Ahora está a 600 km de distancia y la veo, con suerte, una vez al año. Pero cada vez que nos sentamos una frente a la otra es como si en lugar de 365 días hubiesen pasado 365 segundos.
No sé si con estos dos ejemplos me explico. La amistad, para mí, no requiere de llamadas constantes, ni de compromisos, ni de promesas, ni de tiempos. La amistad tan sólo requiere que te sientas a gusto con la persona que tienes delante haya pasado el tiempo que haya pasado, requiere que sepas escuchar cuando es necesario, que sepas dar un abrazo cuando sea lo único que reconforta, que te olvides de tí mismo durante un espacio de tiempo para dedicárselo por completo a la otra persona. Eso es precisamente. Tengo una amiga a la que no llamo aunque vive a 20 metros de mí y a la que quiero con locura, tengo una amiga a la que borré de mi vida un tiempo para poder recuperar algo de lo que habíamos perdido, tengo un amigo que antes fue novio y que me entiende cuando me callo, tengo una amiga entregada a su carrera a la que veo menos de lo que quisiera, tengo una hermana que además es la mejor amiga del mundo (y eso sí que es difícil), tengo amigos que sufren muchísimo y a los que no sé cómo ayudar, tengo un amigo en la otra punta de España que ojalá pudiese tener cerca y enseñarle de verdad lo que se pierde en la vida, tengo una amiga con la que puedo hablar como si las dos fuesemos tíos, tengo un amor que además es mi amigo, he tenido amigos de segundos y conocidos de toda una vida…. en fin, hay amigos como vidas, todas diferentes, todas increíbles y todas necesitarían una palabra distinta para definirse. Por eso, no sé, tendré que invertarme una para cada uno de ellos. Con todos soy distinta y, sin embargo, soy la misma, cada uno se ha llevado un pedacito de lo que soy como persona y, gracias a eso, soy como soy.
A mis amigos, gracias por siempre estar ahí. Yo sigo aquí, ya véis.
Escrito por Sonia Seijas on Domingo, 7 of Febrero , 2010 at 22:06
Llevo un par de días leyendo en el periódico sobre un curioso enfrentamiento (por llamarlo de alguna manera) que han tenido los de la Sociedad de Autores con unos alumnos de un instituto que querían representar Bodas de Sangre. (aquí la noticia)
La verdad es que hasta el día de hoy me he resistido ante la idea de escribir sobre este tema, porque creo que hay demasiada demagogia por ambas partes y todo el mundo quiere traer el ternero a su matadero en este caso. Hay demasiados intereses de por medio, así que nadie puede ser imparcial de todo, pero hay cosas que me parecen salidas de madre y esta es un ejemplo de ellas. Entiendo más que nadie el tema de la autoría de las obras de cada uno, pero hay veces que el enfrentamiento con la sociedad de autores es ridículo, sobre todo porque creo que, en lugar de adaptarse a los nuevos tiempo y buscar soluciones a los problemas que tienen realmente, están intentando anclarse en lo que ya conocen e intentan frenar a una sociedad que no quiere hacerlo. Realmente ya no me voy a meter en el tema de las descargas ilegales ni demás discurso repetitivo, porque este tipo de temas llevan a callejones sin salida, pero creo sinceramente que al paso que vamos, voy a tener que pagar impuestos hasta por prestar libros y cómics, cosa que hago muy habitualmente. Lo que me hace reflexionar sobre lo que estoy comprando realmente cuando compro un cd, un libro, una película y, con tanto lío, a veces me da ganas de comprar todavía menos. Pienso en que si me gasto casi 10 euros en ver una película y luego otros 20 como mínimo en comprarla, bastante le estoy pagando ya a los autores, ¿no? Y también pienso en que, cuando voy a comprarme una prenda de ropa, que para mí es tan obra de arte como pueda serlo un disco, con toda su producción y todo lo que viene detrás, me dejan probarla para ver cómo me queda y si me encuentro a gusto con ella, antes de decidirme a llevármela a casa y por eso no me cobran nada. ¿Podría pedirles lo mismo a los del cine o a los que me venden los discos? Me da que no. Y entonces empiezo a pensar si acaso se considera que unas cosas deben de tener derechos de autor y tal vez otras no y en quién es el que decide estas cosas. A lo mejor Arguiñano debería también imponernos un canon en los pucheros porque vamos a copiar sus recetas en casa….
No sé, siempre le doy millones de vueltas a esto, porque realmente no veo una solución posible ni positiva para todos, porque ellos quieren seguir forrándose y nadar en dinero, mientras que a nosotros achuchados muchos por la crisis cada vez nos apetece menos pagar por un disco. Y no es que no les tenga respeto a los artistas, sino que creo que tampoco hay que ir por caminos tan desproporcionados, viendo la última casa que se ha comprado Bisbal, cualquiera diría que la piratería hace mella en él, mientras que muchos de los españoles de a pie no tienen ni un duro para ir al cine y, cuando tienen la posibilidad de ver a sus hijos en una función de teatro gratuíta, tienen que rascarse el bolsillo para hacer una colecta y pagar 100 miserables euros a la sociedad de autores. Y todo porque dicen que lo representarán en un teatro profesional.
Igual no compartís mi opinión, pero creo que esto se está saliendo de madre.
Escrito por Sonia Seijas on Jueves, 21 of Enero , 2010 at 14:37
Sofía se resiste a salir. Se ha pasado una semana de cuentas y acaba de empezar a dilatar queriendo salir, pero se diría que está muy a gustito en la barriguita de mamá que no quiere dejarla de ninguna forma, así que, antes de salir para el hospital le dejo una cancioncita para que se anime y venga a alegrarnos la vida a todos un poquito.
(las imagenes no vienen mucho a cuento, pero es que no encontré otro vídeo con esta canción, sorry!)
Escrito por Sonia Seijas on Lunes, 18 of Enero , 2010 at 14:54
Un día cualquiera, te levantas por la mañana como cada día. Te preparas el café-levanta-muertos para ir a trabajar y sales con tu coche camino del trabajo. Empiezas tu jornada como todos los días, pero a media mañana algo pasa por tu cabeza y sonríes sin querer. ¿Por qué?, porque de repente caes en la cuenta de que en ese preciso instante estás exactamente donde tienes que estar.
Me explico. Casi todos nos preguntamos alguna vez sobre las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida, si han sido las correctas, si deberíamos haber actuado de otra forma. La duda es algo inherente al ser humano y, hoy en día, que todo corre a una velocidad de vértigo a nuestro alrededor, todavía más. El tiempo para decidir es mínimo y muchas veces volvemos una y otra vez a ese instante para analizar si lo que hemos hecho es lo correcto o no. Sobre todo porque el ser humano es, como se suele decir, el animal que tropieza, una, dos, tres e infinitas veces con la misma piedra. ¿Y por qué? Porque suele ir mirando a la piedra con la que ha tropezado atrás, en lugar de mirar para adelante y evitar las que vienen. O porque tiene complejo de cangrejo y, una vez tropezado, vuelve atrás una y otra vez. Yo tengo una teoría a este respecto y es que, cuando tomas una decisión debes seguir adelante y no mirar nunca atrás, porque los espejos retrovisores solo consiguen relentizar el paso que debemos dar adelante y nos anclan en algo que no nos aporta nada nuevo. Como digo siempre: “el pasado debe usarse como trampolín, no como sofá” y todos debemos ser consecuentes con nuestras decisiones. Me molesta mucho la gente autocompasiva que pasa toda su vida arrastrando las penurias de sus decisiones pasadas, intentando que la gente se compadezca de su situación. No creo en la autocompasión, nunca he creído y, para ser sincera, es uno de esos aspectos que creo que no podría soportar de una persona con la que tuviera relación, bien sean amigos, familia, conocidos. Odio los pesimistas sistemáticos, los ahogados en una gota de lluvia, los que no saben ver más allá de lo que creen que han perdido, los que no son capaces de vivir una vida hacia ninguna dirección porque siempre acaban en la misma espiral, como una profecía de autocumplimiento. La vida es breve, el tiempo siempre juega en primera y en su campo y nosotros somos los de segunda B que tenemos que jugar con el árbitro en contra.
Y así, en una mañana cualquiera, de un mes cualquiera, me he dado cuenta de repente de que el tiempo me ha dado la razón y de que he seguido el camino que me ha llevado a la vida que quería. Las decisiones que he tomado, más o menos complicadas, han sido acertadas y me siento a gusto conmigo misma. Con mucho trabajo, con millones de ideas y proyectos en la cabeza, con mis miedos, con mis alegrías, con las preocupaciones de cualquier se humano; pero satisfecha. Y, creedme, es una sensación estupenda.
Escrito por Sonia Seijas on Lunes, 28 of Diciembre , 2009 at 14:02
A pesar de que hoy es el día de los Inocentes, como ya el año pasado os hablé un poco de la festividad, hoy voy a obviarlo y hablar de algo que tiene que ver un poco más con el corazón.
Hace unos días estaba leyendo el prólogo de un libro de Walter Riso, un psicólogo que escribe mucho sobre las relaciones sociales y cómo nos llevan muchas veces a situaciones que no queremos, de hecho, el libro del que os hablo se llama “Cuestión de dignidad”. El título me llamó la atención y leí un estracto. La verdad, no se diferencia mucho de los libros tradicionales de autoayuda, pero este hombre, igual que alguno que otro pensador como Punset, intenta ahondar en alguno de sus ensayos en el alma humana y, por consiguiente, en un terreno mucho más árido y menos agradecido, como es el “amar”.
Realmente, me llamó la atención sobre todo, aquellos textos en los que habla sobre el amor y el sufrimiento. Su punto de vista coincide mucho en algunas cosas con el mío, parece que muchas veces sólo se entiende el amor a través del sufrimiento. Jesús nos amaba, por eso nos entregó su vida sufriendo. Romeo y Julieta se amaban, por eso murieron el uno por el otro sufriendo. Parece como si una cosa no pudiese vivir sin la otra, cuando yo creo que más bien debería ser todo lo contrario. Cuando realmente no sufres al lado de alguien, cuando no es necesario tener celos, ni pasarlo mal tanto cuando está como cuando no, ese sentimiento, ese es precisamente el que hay que cuidar y no aquellas imitaciones de amor que nos empeñamos en perseguir muchas veces, que tan sólo hacen nuestra vida más miserable. Mientras somos adolescentes, tan sólo entendemos este sentimiento como una posesión, como si poseyésemos completamente al otro y por ello tuviese que entregarnos toda su energía, su atención, su palabra, su vida en definitiva. Dependemos totalmente de las reacciones del otro, mientras que deberíamos pensar sólo en poner en la brasa de nuestras relaciones lo mejor de nosotros mismos y esperar a ver qué se cocina. Parece que estamos más centrados en el “le amo pero no sé si me ama”, “quiero estar con esta persona pero me hace daño”, “esto es lo mejor para mí aunque no sé si es lo que quiero”,… Todo esto no me parecen más que excusas para no enfrentarnos a la realidad de que seguimos enfrentándonos al amor como adolescentes, con miedo y con rencor, ¿qué importan los sentimientos del otro? O amas o no amas, pero no lo supedites a lo que sientan los demás y si no es correspondido, a seguir creciendo y caminando, pero sin sufrir, al fin y al cabo el que ama es el que lo da todo de sí y no debe sentirse mal por ello, sino símplemente seguir adelante. Creo sinceramente, que cuando vamos conociéndonos a nosotros mismos y a la gente a la que queremos no es necesario todo ese teatrillo. Realmente se puede amar sin sufrir y esta es una lección que debemos aprender, porque aquel que nos ame será el que intente ahorrarnos ese sufrimiento.
¿Y por qué esta reflexión? Pues precisamente por un cuento de este mismo autor que se llama como el post, “¿Amar o Depender?”. A ver qué os parece. (La ilustración también es de Dulac)
Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristocratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitosy tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llego el momento de hablar, dijo:
“Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor… Estare cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas…Esa es mi dote…”
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
“Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás”.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.
Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habian comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que, de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
“¿Qué fué lo te que ocurrió?…Estabas a un paso de lograr la meta…¿Por qué perdiste esa portunidad?… ¿Por qué te retiraste?…”
Con profunda consternación y algunas lagrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:
“No me ahorró ni un día de sufrimiento…Ni siquiera una hora……… No merecía mi amor…”.
Escrito por Sonia Seijas on Viernes, 4 of Diciembre , 2009 at 14:58
Camino por la calle, corriendo porque como siempre me llega el tiempo justo para llegar a todas partes y, mientras camino me pregunto si realmente merece la pena vivir siempre con tanta prisa para todo. Últimamente, leyendo algunas cosas que han llegado a mis manos he empezado a pensar que tal vez somos demasiado exigentes con la vida que queremos llevar y qué queremos en ella. Caminando voy pensando en por qué trabajo tanto, en por qué cuanto más lo hago parece que lo necesito más y que en realidad un ser humano puede vivir con muchísimo menos de lo que hacemos la mayoría de nosotros. Miro el reloj y me doy cuenta de lo muchísimo que hace que no me dedico una tarde a mí misma, a ver seis películas seguidas o darle un buen tirón a ese montón de libros que se van apilando al lado de mi cama. Pienso en lo poco elástico que es el tiempo y en lo injusto que es con la gente como yo, que duerme poco. Lástima que no se pueda trabajar a las 4 de la mañana igual que a las 4 de la tarde, seguramente sí podría dedicarme más tiempo.
Empieza a llover un poco y los coches apenas paran en los pasos de peatones, todo el mundo tiene prisa, quiere llegar cuanto antes. “¿Para qué?”- pienso- “Si total cuando lleguen tendrán prisa por llegar a otro sitio”. Y por un momento echo muchísimo de menos a mi abuela y a las tardes de niña con mis primos en el medio del campo, sin prisa, sólo por estar, por pasar un buen rato juntos. Somos muchos y doy gracias, porque gracias a ellos he tenido una niñez mejor de la que podría haberme esperado. Gracias a ellos he podido soportar muchas cosas, porque ellos eran finalmente mi refugio, mis amigos incondicionales pasase lo que pasase. Y en ese momento no tenía prisa, no quería que el tiempo fuera más lento como ahora, sólo quería que pasase y que me permitiese ser adulta y poder valerme por mí misma. Poder sentir que lo que me pasase iba a depender de mí y no de nadie más.
Creo que, en algunas cosas, fui una niña algo extraña.
Casi he llegado y, en este trayecto he ido y he vuelto. He ido a algunas sensaciones perdidas y he vuelto a mi realidad diaria. Pero cuando consigo juntarlos a todos por un breve espacio, apenas unas horas y veo en los adultos en los que nos hemos convertido, en ese preciso momento, vuelvo atrás y doy gracias por los recuerdos que dejaron en mí. Que aún ahora siguen sirviéndome para seguir adelante, hasta en un día como hoy en el que sigo corriendo de un lado a otro, sin que mis carreras me lleven realmente a ninguna parte.
Escrito por Sonia Seijas on Viernes, 20 of Noviembre , 2009 at 15:50
Antes de ayer me pidieron una cosa preciosa, algo que no sabía la ilusión que me iba a hacer hasta el momento en el que me lo pidieron. En realidad, al principio me quedó una cara un poco extraña… “¡¿Una qué?!”- pensé. Es como si me hablasen en un idioma de Marte o algo así. Así que rápidamente abrí mi San Google y me encontré que según la wikipedia una doula era una “mujer esclava que servía a otra mujer o a un hombre”, con lo cual ya empezamos con mal pie. Pero luego seguí leyendo y descubrí un mundo nuevo a mis pies. Resulta, que en acepciones un poco más modernas, se usa esta palabra para designar a “mujeres que acompañan a otras mujeres durante en el camino a la maternidad. Su labor fundamental es dar soporte, tanto físico como emocional, durante el parto y el puerperio. No tienen una preparación académica específica pues no existen una “carrera de doula”. Su formación abarca conocimientos sobre fisiología del embarazo, parto y puerperio, de puericultura, lactancia, educación prenatal…y, sobre todo, conocimientos sobre las necesidades emocionales: los distintos estados de ánimo, miedos, incertidumbres…” (lo saqué de aquí).
Por eso me hizo tanta ilusión, sólo el pensar que voy a ayudar a nacer a un bebé en las mejores condiciones posibles, más un bebé tan importante para mí como este, me hace pensar que el formar parte de esto va a ser la mejor experiencia por la que pase el año que viene. Me he puesto al día, he cogido libros, vamos que voy a intentar ser la mejor doula que pueda sacar de mí. Sobre todo porque, al fin y al cabo, me siento un poquito responsable de esta idea de parto lo más natural posible que se le ha metido en la cabeza a mi niña, así que ahora me toca a mí colaborar con un pequeño grano de arena en una de los momentos más bonitos de su vida. Estoy segura.
Por si queréis saberlo. Mi postura a este respecto os puede parecer bastante feminista, pero soy de la opinión de que nos tratan casi como animales en un momento tan especial para nosotras y que, por otro lado, es fundamental para la conservación de la especie. El hecho de dar a luz se trata en muchos casos como si fuese una enfermedad, casi como si el bebé fuese algo a extirpar de nuestro organismo. Nos aceleran el ritmo natural del parto con oxitocina para que les resulte más rápido, aunque estrese más nuestro cuerpo; nos colocan en posiciones cómodas para los médicos y nunca, jamás, ni para la mujer ni para el bebé que está naciendo; cuando ven un mínimo de difícultad cortan para que vaya todo más rápido, y luego le ponen un nombre técnico y le llaman episiotomía… y un millón de cosas que pienso al respecto. Claro, también he de decir que no he sido madre, aunque creo que si se planteara la posibilidad alguna vez, creo que me gustaría que tanto mi bebé como yo lo viviésemos no como un sufrimiento, sino como un esfuerzo entre los dos para estar juntos y que fuese de la manera más natural posible. Sigo pensando que nuestro cuerpo es uno de los médicos más sabios en ciertos momentos y este es uno de ellos. El parto es algo natural. Nosotros somos los que lo artificializamos. Mi abuela tuvo diez hijos en casa y vivió para disfrutar de sus nietos. En fin, esta es mi opinión.
Escrito por Sonia Seijas on Sábado, 7 of Noviembre , 2009 at 3:56
Hay veces que las guerras comienzan por un agravio, un breve gesto que es interpretado como una afrenta imperdonable y que reclama ríos de sangre para lavar el honor que se cree perdido. Otras veces, empiezan por amor o por despecho, como es el caso de la famosa Helena por la que todos los troyanos lucharon hasta la última gota de sangre. En todos estos casos la guerra empezó de maneras mucho más nobles de lo que ocurre hoy en día, guerra por papel al que llaman dinero, por petróleo al que llaman oro negro o por un trozo de planeta que parece mejor situado estratégicamente que otros.
Hay veces que la guerra estalla entre ejércitos de proporciones indescriptibles, otras veces son solo refriegas entre apenas unos cientos de hombres, entre los que la crudeza puede ser tan grande o más que en el primer caso. Algunas guerras ni siquiera son entre hombres, sino entre hombres y bacterias, entre hombres y gas, entre hombres y proyectiles o entre hombres y animales incluso.
Pero las peores guerras son aquellas que nacen de la rabia del corazón, aquellas que nacen de palabras que dañan aquello por lo que has luchado toda tu vida. Aquellas que se libran por justicia, cuando te hieren donde has intentado crear tu obra maestra, donde has puesto tus ilusiones y tus espectativas.
Cuando, alguien usa palabras que matan contra su alter ego y te usa como escudo humano. Cuando te arrastran, te cuelgan etiquetas falsas, juegan con aquello en lo que crees por encima de todo. Primero, te hundes y sientes que no vas a poder, pero luego, cuando tienes un alma de metal, descubres que el metal con metal se paga. Que el que intenta matar con palabras debería temer una muerte en el mismo sentido, ya se sabe, el que a hierro mata, a hierro muere.
Y, como todas las batallas, todo depende de lo que estés dispuesto a perder, al fin y al cabo en estas cosas nadie gana nunca.
Escrito por Sonia Seijas on Viernes, 2 of Octubre , 2009 at 13:14
Llevo días intentando nop hablar de lo que parece ser la “rabiosa actualidad” de nuestro país, pero es que me parece tristísimo que se esté dando tanto bombo a algunas noticias teniendo en cuenta la situación actual de nuestro país.
Por un lado está la polémica ante la nueva ley del aborto. Sobre esto ya me pronuncié una vez y supongo que todos ya sabéis mi opinión al respecto. El otro día tuvimos una encarnizada discusión en una cafetería a este respecto, no por la ley en sí misma, creo que todos los que estábamos en la mesa estábamos de acuerdo en que deben existir las posibilidades de que una mujer pueda interrumpir el embarazo antes de las 14 semanas de gestación. No, la discusión se centró más bien en la idea de que una niña de 16 años pueda abortar libremente sin comentarselo a sus padres. Para mí, esto representa un problema, no porque no crea que una chica de esta edad pueda tomar esta decisión, sino porque esto rebaja un límite que creo que si se rebaja para esto también debería hacerse para todo tipo de cosas. Creo que una decisión como esta debe ser tomada como un adulto y si, legalmente vamos a considerar que una niña de 16 puede ser adulta para tomarla, también deberíamos rebajar la edad en todo el código penal para que todos los chicos se consideren adultos a partir de los 16. Es decir, que puedan ser juzgados como tales a partir de esa edad. No podemos considerar el rango de edad para lo que nos conviene y luego olvidarlo. Si son adultos para una cosa, también lo son para otra. Esto me preocupa por lo mismo de siempre, me da un poco de miedo que se abra esta vía sin pensar en que lo importante es que no tengan que llegar a ella y en lo fundamental de una buena educación sexual. Todos sabemos que los accidentes existen y que con 16 años puede cambiarte la vida para siempre, pero también es cierto que no puede usarse como un modo de anticoncepción y que ya no se preocupen de llevar un condón en el bolsillo por si acaso. Para mí, esto es fundamental.
Y, siguiendo con los adolescentes, que parece que es lo único de lo que se habla estos días, está el famoso temita de las hijas de Zapatero, que me ha zapateado (valga la redundancia) las tripas hasta decir basta. De verdad que no tenía pensado hablar de esto, para no publicitar más algo que ya me parece demasiado en la palestra, pero es que viendo las páginas de internet y en cómo se han cebado con la dichosa foto, al final no he podido dejar de hacerlo. Vamos a ver, seamos consecuentes, ¿el problema está en que las niñas no iban vestidas con un Carolina Herrera o un colorido modelito de Ágata? La verdad, me parece realmente de pena que nos importe tanto la chanza de por qué las chiquillas llevan una ropa u otra o un “estilo” u otro, y estoy realmente hartita de que se juzgue a alguien por su modo de vestir o de llevar el pelo cuando lo que de verdad debería de importarnos es lo que hay detrás de todo esto. A mí me parece estupendo que un presidente se permita el lujo de dejar que sus niñas salgan como les dé la gana en una foto, vamos, que no se ha armado tanto escándalo porque el tema de la corrupción dentro de los ayuntamientos esté llegando a límites que parecen sacados de una película de mafiosos.
Realmente es preocupante, ¿dónde están las noticias que hablan de que todos los paises están saliendo de la crisis menos nosotros? ¿Y las que analicen qué va a ser de los obreros españoles cuando a ZP ya no le quede dinero para regalar en los Planes E? ¿Dónde están los esfuerzos de inversión en negocios que tengan proyección de futuro en lugar de perpetuar una burbuja que nos ha traído hasta este punto precisamente? Ya no importa qué temas trate nuestro representante en una cumbre mundial, sino el color de las botas de sus hijas. Es denigrante y hace honor al país que estamos creando, donde, como decía el otro día, la mediocridad y las soluciones a corto plazo es lo que prima. No tenemos visión de futuro, señores, nos interesa más el chisme para olvidarnos de que nos estamos yendo literalmente al garete. Pero de esto ya hablarán más adelante, cuando nos tiremos de los pelos de la cabeza por no buscar soluciones reales y no aquellas que nos tengan el estómago saciado durante un rato.
¿Qué más puedo decir? Si es que de lo trivial ya está todo dicho y de lo importante, bueno, de eso ya se dirá.
Escrito por Sonia Seijas on Martes, 22 of Septiembre , 2009 at 20:35
Sí, como suena, llevo días conteniéndome, guardando la ira dentro de un rincón muy profundo, diciéndome a mí misma que una persona adulta y con un raciocinio equilibrado no debe dejarse llevar por las emociones, que debe saber canalizarlas y no dejar que le rebasen y le “puedan”, pero llevo ya un par de semanas durmiéndo fatal, la migraña se está apoderando literalmente de mi vida y siento que a cada paso que doy estoy a punto de estallar. Así que necesito sacarlo de dentro o si no, creo que dentro de poco será como un alien que me atravesará el pecho y se convertirá en una criatura destructiva por sí mismo.
Estoy cabreada, realmente cabreada. Las injusticias me cabrean y, por supuesto, como buena perteneciente a la raza humana, cuando tienen que ver conmigo, me cabrean todavía más sobre todo porque me frustran y me dejan sin armas. No sé responder con trucos, con puertas traseras, símplemente me bloqueo porque para mí lo que es justo, lo es, ni más ni menos. No requiere de convencionalismos, ni de politiqueo, ni de ver quién conoce a alguien en un escalón más arriba, ni de quién es la cola de pavo real que se abre más. Mi cola siempre es la misma y no pienso coger aire para que se hinche más o menos. Lo que hay es lo que hay. Lo que hago es lo que soy y viceversa. No hay más. Si algo me lo he ganado es porque he trabajado para ello, me he pasado la vida peleando por las cosas que quiero y algunas veces lo he conseguido y otras no. Algunas veces se me han escapado cosas de entre las manos y odio esa sensación, no me gusta pensar que he tenido algo muy cerca y no he peleado lo suficiente.
Me supera el pensar que vivo contínuamente en una sociedad que premia la mediocridad, que te engaña con ideas de individualismo, de superación, de consecución de metas a través del esfuerzo cuando en realidad todo se simplifica a un estado de letargo en el que “molestes” lo menos posible pariendo las ideas que te piden tener. Eso es lo que se premia, da igual que hayas trabajado hasta la saciedad por algo, da igual que lo hayas ganado por mérito propio y por los cauces reglamentarios, todo eso da igual si finalmente topas con el trabajo que otros no quieren hacer, si topas con un “procedimiento” que favorece lo menos justo. Da igual lo que te vendan, la realidad es totalmente distinta y no importa la de veces que quieras romperte la cabeza contra el muro de hormigón, sigue siendo de hormigón y tu cabeza de hueso.
Sólo espero que esta vez mi cabeza aguante los embistes, porque no pienso dejar de aporrear. Nunca.