Escrito por Sonia Seijas on Domingo, 13 of Diciembre , 2009 at 19:36
Bueno, en realidad esto ya fue hace tiempo, pero hasta ahora no he tenido tiempo de ponerme con las fotos, así que se ha retrasado un poco. Es la segunda parte del viaje a Portugal de hace un mes, más o menos. En realidad en Porto estuvimos muy poquito, así que me he quedado con ganas de más porque es una ciudad preciosa, sobre todo la parte de la ribera del río Douro, como lo llaman ellos.
El hotel que nos escogió Susana, una querida amiga portuguesa que veo casi de año en año, estaba muy cerquita del Monumento a los héroes de la Guerra Peninsular, en la Plaza de Mouzinho. Es un monumento dedicado a la guerra que unió a portugueses, españoles e ingleses contra los ejércitos de Napoleón y la victoria sobre ellos, que es precisamente lo que representa la figura de lo alto de la columna, un león que se alza sobre un águila abatida que representaría el ejécito napoleónico en su caída. En la base de la columna hay un complejo de esculturas que representan a los héroes que combatieron en esta guerra, tanto hombres como mujeres e incluso artillería. Mi amiga nos contó que además, para algunos portugueses la figura de la parte superior representaba la rivalidad de los dos equipos de Porto, el Porto y el Boavista, pero como no recuerdo cuál es cual de los dos animales, prefiero no meter la pata
Como llegamos de noche, apenas nos dió tiempo de ver un poco los alrededores del hotel, pero muy cerquita de la plaza que os comentaba antes, está la Casa de la Música, que según dicen, tiene la sala musical con la mejor acústica del mundo (valga la redundancia). La verdad es que sólo con ver la programación, ya me dieron ganas de mudarme allá, por no hablar del vegetariano que había justo al lado del hotel, para que luego digan que en Portugal no están preparados para todo, jeje.
Al día siguiente, después de una buena cena de vegetariano, nos fuimos a ver un poquito de Porto, lo que nos daría tiempo, porque a media tarde ya teníamos que coger ruta para Coruña otra vez. Así que lo primero que quise visitar fue un cementerio que había cerquita del hotel, el Cementerio de Agramonte, que según rezaba en la información que tenía, fue construído alrededor de 1855 debido a una gran epidemia de cólera en la ciudad. Hay que pensar que durante muchísimo tiempo, en Portugal los entierros se solían hacer dentro de las iglesias; sin embargo, con el aumento de población y algunas causas como la epidemia de cólera de la que os hablaba, a partir del siglo XIX empezaron a enterrarse en cementerios públicos que se construyeron para tales fines. Parece ser que también hay alguno privado, en concreto uno inglés muy bonito, pero no sé si se permite la entrada y no teníamos tiempo para tanto, así que me conformé con este y aunque no sé cómo de bonito sería el otro, este es precioso, os lo aseguro.
Otra de las zonas preciosas de Porto es la zona donde se encuentra la famosa Torre dos Clérigos, con su iglesia y desde donde se pueden tener unas vistas preciosas de la ciudad, desde sus 75 metros de altura… claro, subiendo a pie. Como podéis ver en la foto, es una preciosa torre de estilo barroco, que además es el campanario más alto de Portugal, lo que lo hace única por un motivo más. Tiene un aparcamiento público justo al lado, donde podéis dejar el coche y visitar a pie la zona, que es la más vistosa de la ciudad y desde donde se puede ir andando hasta incluso la zona del río y los puentes. Pensad que en esa zona es mucho más complicado aparcar y así podéis ir callejeando un poco, igual que nosotras.
Cerquita de la torre, Susana dijo que me tenía una sorpresa y que me iba a llevar a un sitio que creía que me iba a gustar mucho. ¡Y vaya si lo hizo! Me llevó a una librería llamada Libreria de Lello e Irmao, una preciosidad que sólo podría haber salido del sueño de alguna pluma mágica o algo así. Realmente, si pudiera, me compraría una cama plegable y me iría a vivir allí. Tan sólo con traspasar la puerta ya contuve la respiración al ver todos aquellos libros, aquella madera tan preciosamente labrada para dar esa sensación de antigüedad, de ensueño y de una librería única en el mundo. La escalera central te invita a subir como si te diera paso a un mundo distinto donde lo importante fueran las palabras y las historias entrecruzadas para hacernos entrar en tantos mundos al año, como libros nos atrevemos a abrir. Es un lugar precioso y que os invito a visitar si entráis en la ciudad, aunque llevad dinero, el día que estuvimos nosotras no permitían pagos con tarjeta.
Una de las cosas que más me llamó la atención de la ciudad es la cantidad de edificios de diferentes arquitecturas, tanto, que te apetece estar con la cámara en la mano todo el tiempo, sacando fotos a todo lo que se ve. Desde luego, si el día acompaña, podéis disfrutar de un paseo precioso por una ciudad que todavía guarda muchos vestigios de todas las construcciones que hicieron de ella la ciudad que es hoy en día.
Bajando hacia el río, se pasa por delante de la Estación que, como muchos otros edificios en Porto, es antiguo y muy bonito. Aunque incluso en los edificios antiguos, también está presente la “singularidad” del ser humano también embellece con un poco de originalidad alguno de ellos.
Y por fin llegamos a la zona del río, donde había muchísima gente coincidió con las acrobacias aéreas y estaba realmente abarrotado. Aún así, la zona del río, con sus puentes y las casitas todas alineadas es muy bonito. Hay un montón de pequeñas tascas en las que se puede parar a probar un poco del famoso vino oporto, aunque para mí sea algo prohibido, sólo una vez mojé los labios para probarlo y es tan fuerte que juré no volver a hacerlo. Aún así es una zona muy pintoresca, recuerdo que la vez anterior que estuve en la ciudad, estuvimos al anochecer en esta zona y era realmente bonito.
Así que, bueno, es una buena forma de enviar una propuesta para un fin de semana, al fin y al cabo está ahí al lado.
Escrito por Sonia Seijas on Lunes, 14 of Septiembre , 2009 at 18:16
Como os dije, he estado en un congreso en Portugal, por eso no he podido hacer mucho turismo, pero sí el suficiente para enseñaros un par de cosas que creo que os gustarán del país vecino, por si algún día decidís visitarlo.
La mayor parte del tiempo la pasamos en Braga, ya que el congreso era en la Universidad de Minho, por cierto, un congreso muy interesante en el que he aprendido un montón de cosas y que los portugueses parecen tener una capacidad ilimitada de trabajo. Nos alojamos en un hotel del Bom Jesús, un lujazo de hotel, la verdad y del que no pude disfrutar ni la mitad de lo que haría de vacaciones, ya que está situado justo al lado del santuario y despertarse por la mañana con semejante paisaje algo indescriptible. Era ese edificio blanco que podéis ver al fondo de la foto.
Así que, como llegamos bastante tarde, no pudimos hacer demasiado turismo el miércoles, tan sólo vimos la plaza central que llaman “Praça da República” y que es, por así decirlo, el punto central del centro de la ciudad. Tiene tres fuentes principiales, pero de noche, la que está más a la izquierda se llena de colorido y da fresquito a las terrazas de los soportales, lo que se agradece si hace tanto calor como estos días que estuve yo allá.
Al subir al hotel, aproveché para sacar una estampa de noche del Santuario del Bom Jesús, que es una de las estampas más típicas de Braga. He de decir que es una de las ciudades con más iglesias por metro cuadrado que he visto en mi vida. Si os gusta el arte arquitectónico como a mí, lo gozaréis, pero seguro que acabáis hasta el gorro de tanta iglesia, es curioso ver mucha gente joven dentro de ellas, aunque mi amiga portuguesa me dijo que no pensaba que fuese una ciudad especialmente religiosa, a mí me lo pareció, quizás por el contraste de ver tanto templo y tanta devoción por todas partes.
A la mañana siguiente, el Bom Jesús seguía igual de bonito, aunque esta vez pude sacar algunas buenas fotos a eso de las 8 y algo de la mañana, cuando todavía no hay turistas por todas partes y puedes pasear tranquilamente sin sentir tampoco el sofocante y húmedo calor de estos días. Para llegar hasta la iglesia, la mayoría de la gente sube en coche, pero los peregrinos que vienen por su valor espiritual, suben todas las escaleras que tienen forma de zig-zag hasta llegar arriba y poder asistir a la misa dentro de ella.
La vista, tanto desde arriba, como desde abajo de las escaleras es realmente espectacular, con el valor añadido de que cada tramo de las mismas tiene una especie de rellano en el que hay una fuente. Cada una de ellas intenta dar una “lección” al espíritu del peregrino que va subiendo, de hecho, incluso las estatuas que las decoran a ambos lados, enseñan algo de cada uno de los personajes bíblicos a los que representa. Os recomiendo que vayáis con tiempo y leáis cada una de las placas, es muy curioso ver la progresión hasta llegar a la cima. De hecho entre las últimas fuentes están: Vía de la prudencia, Vía de la sabiduría, Fe, Esperanza y Caridad, en este orden, aunque con alguna otra de por medio. Es curioso ver las inscripciones en cada una de ellas y las estatuas con las que adornan la fuente, están llenas de simbología. Si las coge Dan Brown, monta otro libro con ellas
Dentro de esas pequeñas casitas que veis a los lados, hay representaciones de la pasión y calvario de Jesús, aunque no seais muy católicos, impresiona ver lo cuidadas de las tallas y la proporción con que están hechas, a tamaño humano. Dentro de muchas de ellas, veréis que hay pequeños papelitos y velas colocadas, porque la gente deja sus peticiones e incluso fotos y objetos personales de la gente a la que “ofrecen”. Es un curioso concepto este de “ofrecer”. Hace años, cuando estuve muy malita, mi madre me ofreció a la virgen de Pastoriza y estaba empeñada en que como ella me había ofrecido, tenía que ir andando con ella hasta el santuario. Yo le contestaba que eso era un poco contraproducente cuando en realidad era ella la que se había ofrecido y no yo. Luego dí las gracias de que además de eso, no hubiese ofrecido una vela “tan alta como yo” porque eso allí se estila mucho. No es que sea más o menos religiosa, pero creo que muchas veces el bien o el mal no se centra en un “ofrecimiento” sino en lo que intentas tú para mejorar tu vida. No puedes destrozarte, por ejemplo, el hígado con alcohol y después pretender que un santo te lo arregle, digo yo.
En fin, pasando a la visita, una vez dentro de la iglesia, dos cosas me llamaron la atención. La primera, que habían mejorado las luces del altar principal y que con este resplandor rojo era todavía más imponente de lo que recordaba de la última vez que había estado aquí. Y, en segundo lugar, que el altar de las reliquias de San Clemente estaba completamente vacío. Lo que os comentaba de los papelitos y las fotos, la última vez, este altar estaba completamente lleno de fotos de gente con peticiones escritas por detrás, era algo que me había impresionado. Pero seguramente, hubo tanta “superpoblación” de peticiones que terminaron por prohibirlo. Es curioso lo bien que se conserva la momia de San Clemente, la urna debe estar cerrada al vacío, cuando menos.
Ahora, como no, siguiendo este tono de espiritualidad, os enseñaré uno de los “milagros” del Santuario. No lo conoce todo el mundo, pero yo, que tengo suerte de tener una amiga portuguesa y gente que ya ha estado allí en varias ocasiones, recuerdo que hace cuatro años, mi director de tesis nos enseñó este “fenómeno” a unos cuantos y fue un momento divertidísimo. Así que, igual que él hizo conmigo, yo quiero compartirlo ahora con vosotros.
Si bajáis en conche desde el Hotel do Parque, que está pegado al Santuario (os indico esto para que encontréis la carretera a la primera), hay una carretera pequeñita que baja y luego una cuesta abajo un poco larga. Pues bien, si dejáis el coche en punto muerto bajando la cuesta (tened cuidado porque está muy bacheada y si lo dejáis en un bache “no pasa nada”), el cohce, en lugar de bajar, sube. Y si queréis impresionar a alguien, es la mejor manera de hacerlo No os contaré la explicación, porque perdería la gracia, pero cuando llueve mucho, el agua también va hacia arriba, imaginaros a la gente de hace siglos y con fervor religioso, la de explicaciones milagrosas que tuvo que darle a este fenómeno.
Subiendo por la carretera de este santuario, se va a dar a otro, no menos espectacular, por lo menos para mi gusto que este primero. Quizás sí más moderno, pero desde luego igual de vistoso. Se trata del Santuario de Nossa Senhora do Sameiro, que está casi en la cumbre del monte y que tiene una entrada impresionante. Es más moderno que el anterior, por eso parece tan “nuevo”, lo que sí es cierto es que en un día soleado parece que brilla de tan blanco que es.
Algo precioso, las imagenes de ángeles, tanto del exterior, como del interior de la iglesia. Dos estilos completamente opuestos, pero que a su modo, resultan preciosos.
Lo más impresionante son las vistas desde las escaleras que hay al frente de la entrada principal, con los dos pilares que las enmarcan. Realmente ahí, en el medio, sobre todo si no hay mucha gente y pega un poco el airecillo puedes sentir una paz interior infinita, mucho más allá del sentido religioso del asunto, como si sólo estuvieses tú y los elementos.
Y luego, ya en la ciudad de Braga, muchas más fotos de iglesias y edificios. La verdad es que sólo tienes que levantar un poco la mirada para ver algo que te guste, porque en cada rincón hay fachadas con salientes de un estilo barroco que te deja un rato observando, sobre todo por lo limpios que tienen casi todos los edificios, en contraste con otras ciudades. Aunque también veréis toques renacentistas (como la plaza de la república del principio del post) y de muchos otros estilos. Está claro que es una ciudad para visitar despacio.
Si tenéis oportunidad al atardecer, visitad el Jardín de Santa Bárbara, porque en las el colorido de las flores con la puesta de sol a veces deja unos efectos de luz increíbles. Nosotras no tuvimos mucho tiempo, pero con un poco de maña seguro que os lleváis a casa una de esas “fotos de postal” con las que luego alucina la gente.
Y nada más, sólo que en Portugal es el sitio donde se comen cachorros en lugar de perritos. Lo siento, me hizo tanta gracia que no pude evitar el ponerlo.
Y que sí, por supuesto, a pesar de la premura del tiempo, siempre hay un minuto para dedicarle a mis “bichitos”.
Escrito por Sonia Seijas on Miércoles, 15 of Julio , 2009 at 20:45
Allá por el 1915, la Sociedad Electra del Viesgo, realizó unas obras para la captación y conducción de aguas del río cares desde el pueblo de Caín (León) hasta Poncebos (Asturias) donde estaba la central hidroeléctrica. Esta obra, a mi manera de ver, una obra maestra para la ingeniería de la época, sobre todo porque el conducto del agua va por zonas al descubierto, pero casi todo el tiempo va por túneles que tuvieron que ser barrenados a mano a esa altura y con las dificultades de los picos escarpados y demás. De hecho, 11 obreros perdieron la vida en las obras y es que había que tener mucho valor para subirse allá arriba a picar y colocar barrenos.
Poco después de la Guerra Civil, como los trabajos de mantenimiento eran difciciles con la senda original, se realizaron una serie de “mejoras” para que el acceso no fuese tan complicado, los desniveles no fuesen tan exagerados y la anchura del camino permitiese transportar algo de material. Incluso se instalaron puentes en los que los obreros tenían que trabajar atados con cuerdas. Estoy segura de que ninguno de ellos se imaginó que lo que para ellos era un trabajo titánico, hoy se convertiría en una hermosa ruta atravesando el parque de los Picos de Europa. Por eso, si ahora véis la ruta como algo complicado, imaginárosla con puentes colgantes y demás, por algo al trozo de ruta que hemos hecho nosotras, de Poncebos a Caín, la llaman la Garganta del Cares. Un nombre que le va como anillo al dedo, la verdad.
En definitiva que hoy por hoy es una caminata de unos 12 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta y que se ha convertido en una ruta realmente preciosa para aquellos que les guste la naturaleza. Ahora me viene a la cabeza un aleman cincuentón que nos cruzamos y que nos dijo: “Lo importante es la naturaleza, no las personas“, como si fuera una galletita de la suerte, pero que encierra mucha verdad cuando caminas por encima de estos barrancos y te sientes pequeñita de verdad. Tengo bastante vértigo y he de reconocer que hay trozos de ruta en los que se pasa realmente mal si lo tienes, pero la naturaleza me apasiona y si es lo más genuina posible mejor y aquí, en el medio de montañas, sientes un poco de ese origen natural de nuestra tierra que te hace sentir un escalofrío en el interior del cuerpo.
Nosotras empezamos la ruta en Poncebos, pero también puede hacerse desde Caín, aunque si queréis una recomendación personal, hacedlo desde donde empezamos nosotras y alojaros en Arenas de Cabrales o en algún pueblo cercano, esa zona es preciosa y tiene un acceso mucho mejor que desde el otro lado. Intentad empezar la ruta temprano, si pensáis hacerla de ida y vuelta, porque también podéis hacer la ida, quedaros a dormir en Caín y, luego, al día siguiente hacer la vuelta, aunque para mí la mejor opción es la primera. Cuando estéis llegando a Poncebos, os encontraréis un par de bares y luego la carretera que sube hasta la entrada de la senda, mi consejo es que dejéis el coche ahí, porque arriba hay muy poco sitio para aparcar y podéis tener la mala suerte de que no podáis aparcarlo y tengáis que volver. Además en el bar hacen unos bocadillos riquísimos y abundantes que podréis comprar para comer en Caín antes de volver (para quien sea carnívoro, el chorizo a la sidra está buenísimo al parecer).
Al empezar la ruta, la primera parte es bastante escarpada y con una pendiente bastante acusada, así que para los que no estáis acostumbrados, igual os cuesta un poco la primera media hora, sobre todo si véis el cartel del principio y vais pensando en lo que os puede esperar. Por eso tomaros el principio con calma, pensad que quedan tres horas de caminata por delante y si forzáis mucho al principio, luego podéis sufrirlo al final.
Poco después de la subida la ruta tiene esta pinta:
No os desaniméis porque lo veais muy largo, las vistas merecen la pena todo el tiempo. Sólo con mirar a los lados, arriba o abajo o a la derecha, vamos, o a cualquier parte. Bueno, el caso es que la primera parte del recorrido se hace bastante bien, es empinada, pero el camino es bastante ancho y las pendientes no caen en perpendicular, con lo cual aunque tengas un poco de vértigo no impresiona tanto como lo hace en la parte del medio. Al final llegaréis a la primera sombra y el primer punto de descanso en una casa abandonada que hay al recorrer más o menos una quinta parte del camino. Allí podréis descansar de la subida inicial y disfrutar de ver tranquilamente lo que queda por delante.
Después de esta parte, viene la que tiene más ”peligro” para aquellos que sufran de vértigo, pero a mi modo de ver, también la más bonita, junto con la última parte, después de León, con los túneles y puentes. En esta zona, llama mucho la atención las caídas verticales que hay en algunas partes. Sólo con pensar cómo se las apañaron para constuir esta ruta, cómo colocaron las piedras para que no hubiese desniveles… me parece que hay momentos en los que el ser humano es capaz de cosas increíbles.
Aquí os dejo un vídeo de muestra para que os hagáis una idea.
Bueno, después de esta parte ya llegamos ya casi a la mitad del camino. Cuando veáis la señal con una flecha hacia Poncebo y otra hacia Caín, pensad que estais a medio camino, para que os hagáis una idea de lo que os queda después. Poco después llegamos además a la frontera entre Asturias y León, donde hay un puentecito monísimo que casi se puede considerar “tierra de nadie”, de hecho hemos pensado en reclamarla para nosotras y todo, jeje.
Bueno, en resumen que la ruta merece muchísimo la pena. Y si ademáis tenéis suerte como yo y os gusta como a mí, podréis hacer fotos como esta:
Creedme que es una maravilla el poder captar así un instante. Tengo 600 fotos de este día, pero ya no voy a colgar más porque si no el blog tardará tanto en cargarse que tendréis que estar una hora para poder verlo. Y lo dicho, animaros a recorrer la Garganta del Cares, no os arrepentiréis.
Escrito por Sonia Seijas on Lunes, 13 of Julio , 2009 at 21:43
La verdad es que Asturias siempre ha sido un lugar que me ha fascinado, como me gusta mucho la montaña, la naturaleza y su estado lo más natural posible, lo cierto es que es un lugar perfecto para encontrar cosas increíbles, sobre todo porque tengo la convicción de que los asturianos, a diferencia de los gallegos, han sabido explotar más los encantos naturales de estas zonas tan increíbles del Cantábrico y, por lo tanto, lo cuidan mucho más. En Galicia también hay zonas realmente preciosas, pero cada vez tengo más miedo de que las “estropeen” para construir carreteras, puentes, incluso urbanizaciones y la magia natural de mi “terriña” se vaya perdiendo poco a poco.
En fin, que tenía ganas de montaña y de naturaleza, aderezado todo con un poco de desconexión del trabajo, así que iniciamos un periplo hacia tierras astures para hacer la Ruta del Cares, que hice hace un montón de años y que ya hace tiempo que tenía ganas de repetir. Cuando veais las fotos entenderéis por qué.
La primera parada fue en Mondoñedo, un lugar que a pesar de que es muy conocido por su “rey das tartas” (si queréis conocer la receta de su famosa tarta, pinchad aquí), también tiene un valor arquitectónico enorme, no solo por la catedral, sino por muchos otros edificios como el seminario, el santuario de Nuestra Señora de los Remedios, que son auténticas obras de arte. Así que decidimos parar para ver la catedral (tengo que reconocer que tengo debilidad por la arquitectura antigua, sobre todo las iglesias y catedrales) y para probar la archiconocida tarta de mondoñedo.
Desde allí, la siguiente parada era de rigor, hacía mucho que no estaba en Las Catedrales y me apetecía muchísimo, así que aprovechando que había marea baja y un buen día, hicimos una paradita para disfrutar de un descanso y de un paisaje maravilloso. Hace poco que me he propuesto hacer muchas de las cosas que tenía pendientes, de esas que hace tiempo que quería hacer y este viaje y su ruta eran una de ellas, la próxima será este fin de semana, pero eso ya os lo contaré. No se si es por cómo me encuentro últimamente, pero no quiero dejar las cosas para más adelante, así que nos dimos un paseíto por esta playa tan bonita. A los que no sean gallegos, si alguna vez vienen por tierras lucenses, les recomiendo que hagan una pequeña paradita en este paradisíaco lugar y, si puede ser al amanecer o al anochecer, la naturaleza les ofrecerá imágenes dificilmente olvidables.
Después de esta parada tan bonita, llegamos a Gijón, otro sitio precioso donde parar, sobre todo si eres de Coruña porque en la zona de la playa de San Lorenzo, paseando por su paseo marítimo os dará la sensación de estar paseando por el paseo de Riazor de Coruña. Incluso en la zona donde está el colegio de Las Esclavas, en Gijón hay una iglesia preciosa llamada la Iglesia de San Pedro.
Si tenéis que parar a comer y os gusta la comida árabe o turca, os recomiendo un restaurante cerca de las playas llamado Marrakech, en la calle Juan Alonso. La comida no es demasiado cara y está buenísima, además de ser abundante, os puedo asegurar que comí el falafel más delicioso que había probado en mi vida. Además, tuvimos suerte y había una exposición sobre el nacimiento del lenguaje (un tema que me apasiona, en parte por mi profesión) y pasamos un rato divertidísimo viendo todas las partes, en especial dos de ellas. Como sé que hay profes que se pasan por aquí de vez en cuando no puedo resistir la tentación de colgar esta foto, en una de las zonas había un extracto del Libro del buen amor en tres versiones distintas: la original, la del castellano moderno y una versión en sms que es la que más me llamó la atención y es la que os dejo aquí, para que veais a lo que está llegando el lenguaje.
Y además, pude hacer unas fotos muy curiosas gracias a unos espejos que había al final del todo, ya sabéis que siempre busco enfoques curiosos
Justo antes de llegar a Las Arenas de Cabrales, que era nuestro destino, hicimos una paradita en Covadonga, para que mi niña pudiese ver ese precioso santuario, que es uno de esos edificios de cuento de hadas que tanto me fascina, además de tener una estatua del famoso Pelayo en la puerta del mismo que también merece la pena ver. La verdad es que, aunque no se tenga un sentimiento religios, hay que decir que es un sitio precioso para visitar, ya llegando por la carretera, se ve ese imponente edificio en medio de las montañas y los árboles y tienes un sentimeinto de pequeñez increíble. No nos dió tiempo a subir a los lagos, pero si hacéis esta visita con tiempo, dejad un par de horas para ir a visitarlos, están apenas a 12 kilómetros del santuario y es precioso sobre todo en invierno. Eso sí, si tenéis vértigo a la hora de conducir, mejor que lleve el coche otro.